sábado, 21 de abril de 2012

La odisea de un viajero que estuvo 
a punto de naufragar en la playa de La Ribera

El navegante. Foto: Fidel Raso
Cindy es el nombre de su velero, pero también el de “una pequeña perrita” que le acompañaba por sus viajes, mar a través, alrededor del mundo. Una de esas travesías es la que en la madrugada del viernes le llevó a Ceuta. Nunca había estado en la ciudad autónoma. Tampoco pensaba, de momento, visitarla. Navegaba a timón, después de habérsele estropeado el piloto automático y el motor, lo que le exigía la máxima concentración mientras navegaba a la deriva en busca de una solución. Pero después de cuatro días despierto, venció el sueño y se quedó dormido. 
Cuando quiso darse cuenta, su barco estaba varado en la arena de la playa de la Ribera, tras haber chocado contra el espigón. La Guardia Civil desplegó a medianoche un amplio operativo para rescatarlo. Él no sabía a dónde había llegado. Confiaba en no estar en Marruecos, pues sostiene que viajar por el país vecino “trae muchas complicaciones”. Tampoco imaginaba aún que estuviera en Ceuta, esa ciudad “en España pero pegada a Marruecos”, como le explicaría por teléfono a su novia al día siguiente cuando esta le preguntaba por su ubicación. 
Tiene 72 años y los últimos treinta los ha dedicado a navegar. De nacionalidad sudafricana, lleva los últimos tiempos residiendo en Vila Real de San Antonio, localidad al sur de Portugal y colindante con Huelva. Allí es donde vive su novia, la que le respondía ayer al otro lado del teléfono y le preguntaba cuándo volvía. Pero él nunca planea los viajes, según aseguraba ayer a EL PUEBLO, simplemente se deja mecer por el mar. A su novia no le gusta navegar y esa había sido una ventaja, puesto que para viajar prefiere la soledad como compañera. 
Los primeros viajes sí los hizo acompañados de la que era su novia de entonces, antes de que decidiese dedicarse a recorrer el mundo. Pero cuando se casaron él optó por viajar solo y que ella se quedara en tierra. El matrimonio, en esas condiciones y según él mismo reconoce, “duró muy poco”. Desde entonces no ha vuelto a emprender largos trayectos en compañía. Además, nunca tuvo hijos. Uno de los trayectos de mayor duración y kilómetros que ha realizado es el que le obligó la compra de este velero. El navegante fue hasta Florida a comprar el barco que bautizaría como ‘Cindy’. Era un velero construido en 1974 y que él adquirió hace diez años. Era su quinto barco. Con él fue haciendo escalas de Norteamérica hasta Latinoamérica y después decidió atravesar el Océano Atlántico. Nuevamente lo hizo solo y tardó en realizar el trayecto unos treinta días. 


No se aburrió entonces ni se aburre ahora. Se siente “libre” en el barco, y también es “feliz”, reconoce. Se considera a sí mismo como un “gitano”, le gusta la sensación de no tener casa fija, de ir de un lado a otro, como los nómadas. Es lo que le ha gustado desde joven, sólo que cambió el asfalto de su caravana por el mar. 


El modo de financiar esos viajes es “fácil”. “El dinero que todo el mundo gastaba en comprarse una casa, cuidar su jardín, tener hijos y ver la televisión” es el que él ha destinado a viajar. Cuando se quedaba sin dinero, trabajaba para ahorrar. “He tenido muchos trabajos, he hecho de todo”, recuerda, después matiza: “Aunque mi formación es la de electricista”. 


Asegura que para él viajar no es una afición, es mucho más, es el único modo que tiene de concebir la vida, el mismo que ha tenido siempre y que, asegura, no cree que cambie. Por ello, si se le pregunta por un futuro en el que esté “retirado”, se echa a reir y contesta: “Quizás, nunca”. No programa, insiste, ningún viaje, como tampoco programa una retirada. Se deja llevar por la corriente, como se dejó arrastrar hasta Ceuta. 


El rescate. Foto: Fidel Raso.
Eran las dos de la madrugada cuando fue rescatado por la Guardia Civil y remolcado por Salvamento Marítimo hasta el Muelle de España. Por eso ayer por la mañana le costó despertarse. Antes de conversar con este medio, quiso peinarse bien. Coqueto, se preocupaba por cómo saldría en las fotos. Cuando se levantó de su barco conversó con los efectivos y llamó a casa, a Portugal. Salvamento Marítimo le informó de que debía dejar el barco en el Puerto Deportivo a lo largo de la mañana. Una de sus preocupaciones era cuánto le costaría. No supieron contestarle. Al cierre de esta edición, el barco seguía en el Muelle de España y los efectivos le llevaban buscando, sin resultado, toda la tarde, para exigirle que moviese su velero. 


Entre las preocupaciones del navegante también había otras más ‘tecnológicas’: cargar el móvil, activar el ‘roaming’ o encontrar conexión ‘Wi-Fi’. No en vano, viaja con muy pocas cosas: ropa deportiva, algunas cosas de aseo, un adaptador de enchufes y un e-book. El último libro que se ha leído es uno de la escritora Jean M.Auel. Así, asegura que además de tener a su alcance, en mitad del mar, un montón de libros, disfruta de películas y música, otra de sus pasiones. “Y es en 3D”, apunta mientras enseña su libro electrónico. 
Hoy, o mañana, espera regresar a Portugal, aunque aún no sabe cómo. Su vida ha sido el viaje. Brasil, Kenia, Tailandia, Malasia, Singapur o isla de Borneo son algunos de los territorios que nombra al recordar su pasaado. En definitiva lo resume en su particular libertad. “La gente está obsesionada con tener cosas materiales, yo no, y eso me permite ser más libre -sostiene-, eso, al menos pienso yo”. 


Reportaje publicado en El Pueblo de Ceuta

domingo, 8 de abril de 2012

«La democracia terminó con el teatro»


ENTREVISTA / Antonio Martín de Vayas

Antonio Martín y su hijo César
“Señor Pin, señor Pin, en Parnasia debe de ser fiesta”, decía el criado. “¿Por qué corres, Ulises?”, responde el señor, desde la almena del castillo. “Es que hay humo”. “Eso será que están quemando rastrojos”. “¿Rastrojos?”, pregunta el criado. “Sí, es la época”.
Antonio Martín de Vayas recrea el diálogo como si no hubiese pasado casi medio siglo desde que se lo aprendiera. “Aquella era una obra de cuatro personajes, en la que todo eran alegorías”, rememora. Martín nació en Ceuta el 1 de mayo de 1944 y aquella obra, que nunca llegó a estrenar, es uno de sus primeros recuerdos vinculados al teatro. Un primo suyo era su única referencia en un mundo del espectáculo que, pese al desconocimiento, le atraía enormemente. En aquellos primeros años del último Franquismo, su hermano José y él empezaron a interesarse por los aires culturales. De hecho, a su hermano le llamaban ‘el Cultura’. “La gente tenía muchas inquietudes y si te ibas a estudiar a Granada se potenciaba”, apunta Antonio Martín.

No recuerda su primera actuación en un teatro, pero sí la primera vez que lograron montar un espectáculo en Ceuta con su compañía. La obra se titulaba ‘No te fíes del inglés, yes’ y la compañía, ‘Las columnas de Hércules’. La formó junto a su amigo José Fernández Espinosa. Eran finales de los años sesenta. José Rodríguez, Pepe Escobedo, Esperanza Martínez, Juan Díaz, Andrés Domínguez o López Franco son algunos de los nombres que salen ‘a escena’ durante una entrevista con El Pueblo en la que pasado y presente se entrelazan como en una obra de teatro desarrollada en varios tiempos. El pasado martes, día 27, se conmemoró el 'Día Mundial del Teatro', una cita que se celebra desde que la crease en 1961 el Instituto Internacional del Teatro (ITI).

Antonio, en una de sus primeras funciones
Primeras funciones
“La mayoría de las obras que interpretábamos eran de cosecha propia”, explica. Aunque tampoco faltaban autores como Sastre o Strindberg. La visita a Ceuta de un profesor para impartir unos cursos de teatro y el estreno de una obra adaptada por Sastre coincidió con el asesinato de Carrero Blanco. Decidieron suspender la función. “Fue una decisión, no una obligación”, matiza. “Nunca tuvimos problemas con la censura, a excepción de una vez en la que tuvimos que matizar un texto”.
Era una época en la que las mujeres necesitaban constantemente del permiso de los hombres. Una realidad que casi les cuesta un disgusto. Titi era la protagonista de una de las obras que llevaron a escena en aquellos años. Era enfermera de la Cruz Roja y poco antes de que dieran las doce del mediodía, hora en la que estaba previsto el estreno de la función, el novio de la actriz “le prohibió salir a actuar delante de tanta gente”. “Espinosa y yo tuvimos que hacer malabarismo para convencer al chico, acordamos con él que Titi dejase el resto de representaciones si quería, pero que al menos ese día actuase; el público estaba entrando, no podía dejarnos sin protagonista. Nos la llevamos en volandas y la chica actuó”.

A Martín le gustaba mucho el mundo del teatro y no tardó en contagiárselo a su esposa. Su mujer debutó en Zafra, haciendo una sustitución, en el papel de criada. “Ella no sabía que le gustaba hasta que lo probó”, sostiene su marido. A partir de entonces, ella lo acompañaba a todos los estrenos y, a veces, hacía pequeños papeles. “Pero le daba mucha vergüenza”, apunta Martín, quien asegura que los nervios siempre salen a flote el día del ensayo general. “El último ensayo siempre sale mal, pero después el estreno queda perfecto”. “Antes de salir a escena siempre tienes un pellizco en el estómago, pero cuando se sube el telón, lo olvidas”, explica. “La personalidad hay que dejarla en el perchero antes de entrar en escena, en el mismo perchero donde está colgado el personaje que tienes que ponerte”. 

Aquel era uno de los principios que había aprendido sobre el oficio de la interpretación. Martín asevera que había “mucha formación”: “Traían a gente de la península a enseñar a los actores de Ceuta y, sobre todo, había mucha lectura”. “Antes se leía mucho; además, cuando se llegaba al colegio, tus padres ya te habían enseñado las cuatro reglas. La familia enseñaba también por qué lado de la acera se debía andar o que tenías que ceder el asiento a las personas mayores. Hoy la gente pasa de eso, pero eran normas de civismo”, lamenta Martín.
Él le enseñó a su hijo, el director César Martín, algunos secretos del teatro y recuerda la primera vez que el niño, con tres años, se subió al escenario del teatro Cervantes, durante una gala benéfica. Precisamente con su hijo hizo hace un par de años su, de momento, último papel, un pequeño personaje en un cortometraje que dirigía César. 

Época dorada
Idelfonso Álvarez Felip era el director del Teatro de Cámara y Ensayo. Él y Antonio Martín eran los dos grandes directores en la Ceuta de aquella época, unos años a principios de los setenta en los que Martín incluso llegó a tener un biógrafo. “En todas las barriadas, el teatro era apoteósico, sobre todo en el de Villajovita, que era espectacular”, recuerda Martín. “El teatro de Cámara, como era el oficial, siempre ayudaba a los teatros de barrio”, rememora. “Todo el mundo trabajaba y los desplazamientos, también cuando actuábamos en Marruecos, se costeaban entre todos: uno ponía la furgoneta, otro lo que tuviera, y si no, alquilábamos un ‘motocarro’. Cuando actuábamos en Tetuán o en Tánger, era el consulado quien lo organizaba todo”, explica. Otras veces se desplazaban a la península. “Nos daban 5.000 pesetas con las que pagábamos también el alojamiento”, explica. “No contábamos con medios y a veces era muy dificil poner en marcha a tanta gente”.

El espacio que ahora ocupa el Mercado Central; el ‘Terramar’, en Hadú; el ‘Hollywood’, que ahora es una cafetería, o el Centro Cultural del Ejército (Casino Militar) eran algunos de los espacios culturales de Ceuta en aquellos años. “El Casino de la Falange, en la Plaza de los Reyes, donde hoy está el ‘Spar’, tenía un salón interno que se cedía a las compañías para que ensayáramos. También estaba el bar ‘Niza’, que era nuestra zona de reuniones”, recuerda Martín. “Aunque a veces parece que Ceuta no tiene memoria”, lamenta. 

En esa línea explica que Manuel Merlo organizó el primer certamen de monólogos hace dos o tres años, pero que, veinte años atrás, ya había habido una primera edición de un certamen de monólogos. A Merlo, director actual del Centro Dramático de Ceuta, lo conoció en aquellos años, en los teatros de sombra de los setenta. “A Merlo le dejamos actuar e hizo de mimo con un tubo de pasta de dientes”, recuerda de los inicios del director.

No era sólo el teatro el arte que estaba en esplendor, según asevera Martín. Festivales de la canción, como el que se hacía en San Amaro, o de poesía y prosa en Los Rosales. Eventos patrocinados por el Ministerio de Cultura en una época en la que José Torrado (el padre del actual presidente de le Autoridad Portuaria) era el delegado de Cultura. Los vínculos eran muy estrechos. Torrado ejerció ese cargo desde principios de los sesenta hasta finales de los setenta. Potenció exposiciones de pintura, de filatelia, muestras internacionales de teatro y literatura, de modelismo. Trajo a Ceuta películas como ‘Tiburón’, en 1975. “Había muchísima actividad cultural, en Ceuta se celebró la I Semana de Cine Español, que luego desapareció. Vinieron estrellas nacionales y se estrenó ‘Volver a empezar’, que ganó el primer Óscar al cine español”, rememora Martín.
Otro ejemplo de ese proclive cultural fue que surgió, por primera vez, “el término de las cuatro culturas, a través de una fundación y de Radio Ceuta de la Cadena Ser, con José Solera y un profesor llamado Diego del Real”. “La ruina total de las actividades culturales llegó con el alcalde Francisco Fraiz Armada, en los años 80”, lamenta Martín. “Muchas actividades culturales estaban relacionadas con estructuras vinculadas al gobierno anterior. Se cargó los certámenes, era el ‘boom’ del progresismo pero acabó todo”, lamenta Martín, quien sostiene que en Ceuta “no existía ni la izquierda ni la derecha”, pero que las obras teatrales las patrocinaban “los que tenían poder”. 
“Hacíamos el teatro que nos gustaba, independientemente de si el autor estaba señalado políticamente. Eramos gente normal a la que nos unía el amor al teatro, no la política; pero la democracia terminó con el teatro”. “Ahora el problema es que los gobernantes ya no van al teatro o van tres minutos para aparentar”, añade. 

Para Martín, aquellos años de teatro están vinculados también a los amigos: “La amistad es como todo, ahora podemos ser íntimos, pero después por circunstancias de la vida tú te vas a Valladolid y yo me quedo en Ceuta; al principio, de vez en cuando, nos llamamos, pero llega un momento en el que ni tú te acuerdas de mí ni yo de ti. Pasan los años hasta que un día haces memoria y piensas ‘pero qué amigos éramos’. Y lo que queda es mucho cariño”. “Cuando termines de escribir -apunta Antonio Martín antes de terminar la conversación- me gustaría que mandaras un saludo y un abrazo para todos los que están vivos, y un emocionado recuerdo para los que ya no están con nosotros”.

Entrevista publicada en El Pueblo de Ceuta

sábado, 24 de marzo de 2012

“El problema de Malí es que hay muchos militares”

Zakarías, en el CETI. Foto: Fidel Raso

Poco quiere saber de Malí. Dejó atrás su país y no tiene intención de regresar a él. Eso no quita para que no le preocupe la tensa situación política que está atravesando su nación. El pasado miércoles 21, militares disidentes perpetraron un golpe de Estado contra el presidente del Gobierno.

Algo ha escuchado Zakarías Szonko, un inmigrante malí que entró en Ceuta de manera ilegal junto a otros 56 inmigrantes, durante la que se convirtió en la última avalancha de 2011, la primera nocturna. Desde entonces reside en el CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes). A la espera de cumplir su deseo -quiere ir a Madrid, Barcelona o Granada, en donde asegura que le aguardan sus amigos- aprovecha su estancia en Ceuta para sacarse el DELE (Diploma de Español como Lengua Extranjera).


Tiene un amigo, explica. Pero está en Mali. “Amigos son los que conocen tus secretos, por eso yo sólo tengo uno”, matiza, “los demás, con los que hablas, son compañeros“. Es este amigo quien le ha puesto en conocimiento de cómo está en estos momentos la situación en Malí. “Cuando yo me fui, mi país estaba mejor, ahora está peor; me ha contado que se han enfrentado al presidente”, apunta. “El principal problema de mi país es que tiene muchos militares”, argumenta. A pesar de los conflictos, piensa que es mejor que su amigo se quede en Malí “porque él está bien con su familia”.

En su país vive también su hermano, pero hace años que no sabe qué es de él. Nada más, por tanto, relata el inmigrante, de 26 años, le ata a su país. Cuando él nació, su padre acababa de fallecer. Le hubiese gustado ir al colegio, pero no pudo acudir nunca. Lo que sí recuerda son los partidos de fútbol de su infancia. Una etapa que, sin embargo, terminó muy pronto. A los ochos años murió su madre, así que ellos -describe Zakarías-, sin ningún familiar que se hiciese cargo, tuvieron que buscarse la manera de sobrevivir. “Tuve que dejarlo todo para irme con unos amigos que eran mayores y que nos ofrecieron a mi hermano y a mí que trabajáramos con ellos, vendíamos arroz y maíz”, recuerda. Crecieron vendiendo lo que podían hasta que, entrados en la adolescencia, ambos hermanos decidieron buscarse la vida por separado. Zakarías viajó a Costa de Marfil. Al cabo de unos años, regresó a su país, pero no tardó demasiado en decidirse a emprender un camino que espera sin retorno. “Dios quería que viniese a España, por eso estoy aquí, no tenía a nadie en Malí”, sostiene. “En Malí no había mucha guerra, pero tampoco economía”, agrega. Llegó en coche a Argelia, de allí a Marruecos y finalmente Ceuta. En total, un viaje que duró un año y tres meses.

De Bamako a Ceuta
Le sorprende que en España, “los pueblos y ciudades son prácticamente iguales en construcción”. Explica que en su país son muy diferentes las ciudades, como la suya, Bamako, capital de Malí, de los pueblos. “Las ciudades son más que pueblos, antes de vivir en Bamako, cuando vivíamos con mi madre, estábamos en un pueblo y era todo distinto”, rememora.

No le gusta hablar de política, pero de aquellos años en el pueblo, antes de cumplir los ocho, recuerda que tenía un abuelo que le contaba muchas cosas: “Me hablaba mucho de política y de los franceses. Me contaba que después de la revolución llegó Modibo Keita [presidente, después de que el 22 de septiembre de 1960, Malí proclamase su independencia como colonia francesa], que era bueno”.

En el CETI residen en estos momentos casi una treintena de malíes, explican desde el centro. “Muchos compañeros -agrega el joven-, dicen que son de Mali pero en realidad son de Costa de Marfil, Somalia u otro país, pero yo no sé por qué hacen eso”.

De momento, a Zakarías le preocupan más otros asuntos. Por ejemplo, su situación en España: “Sé que está mal, pero no quiero volver a Malí, quiero quedarme”, agrega. No es lo único que le ronda la cabeza. El chico explica que está preocupado porque en Ceuta no liga: “En Malí era muy fácil, veías una mujer, le decías ‘Hola, ¿quieres hablar conmigo?’, y ya estaba; pero aquí no voy a conocer a nadie, a muchas chicas les digo ‘Hola’ y no me contestan”.

Información publicada en El Pueblo de Ceuta

miércoles, 14 de marzo de 2012

Menú del día: Revuelto de español con patatas

"Barriga llena, corazón conten­to”, dice el saber popular. O lo que es lo mismo, que los problemas y las penas, con el estómago lleno, se ven menos angus­tiosos. También se argumenta, de ‘voz populi’, que la gastronomía y la cultu­ra van de la mano. “La comida popu­lar, buena o mala, debe constituir para el viajero un dato de tanto valor como el paisaje, con el que guarda siempre una íntima afinidad”, escribía el pe­riodista Julio Camba en su libro La casa de Lúculo o el arte de comer, un clásico de cultura gastronómica. 
Cam­ba lo ejemplificaba argumentando que si uno llega a Ávila y pide caviar, pue­de que le guste, pero ni sabrá apre­ciarlo ni le servirá para conocer cómo son los castellanos. Que se convertirá, concluía, en “un pésimo viajero y un gastrónomo abominable”. Los casi treinta chavales del CETI (Centro de Estancia Temporal de In­migrantes) que ayer recibieron el di­ploma que acreditaba que habían concluido el curso de gastronomía in­tercultural no eran, precisamente, via­jeros. Aunque sí traen a sus espal­das largos recorridos caminados en busca de materializar una esperan­za: España. Este curso -una iniciativa de la asociación Intermun2, en cola­boración con el CETI y bajo el patro­cinio de Balèaria- supone para ellos un paso más hacia la integración, un aprendizaje gastronómico, pero tam­bién cultural y del lenguaje.
Foto Fidel Raso

“Tenedor, cuchara, espumadera, sartén...”, enumeraba uno de los chi­cos -aunque alguna se apuntó inicial­mente, ninguna mujer ha concluido esta formación-, que ayer se encon­traban en el salón de actos del CETI, a la espera de recibir su diploma y, como regalo añadido por participar, una agenda. El aprendizaje de la ter­minología de utensilios de cocina era uno de los temas que incluía el pro­grama del curso, desarrollado durante cuatro meses: entre octubre de 2011 y el pasado enero.

Desde un potaje de garbanzos con espinacas o, por supuesto, una torti­lla de patatas, hasta unos huevos re­llenos, una paella o unos espaguetis a la Boloñesa. Entre las bebidas, ba­tidos de fruta y té moruno. También ‘básicos’ como la mayonesa o deter­minadas salsas. Y en las pasadas na­vidades aprendieron a hacer roscos. Los alumnos han aprendido platos de la cocina Mediterránea, pero también, cada uno de ellos ha aportado los aro­mas y sabores que recuerdan de sus países de origen.

El ‘riz sauce’ es el plato que Soti Pome, un chico de Camerún, enseñó a cocinar a sus compañeros. El ingre­diente principal, el arroz, acompaña­do de un sofrito de ajo, pimiento, to­mate y cebolla. También con arroz es el plato que propuso Sekoun Sogari, guineano. Mohamed, procedente de Costa de Marfil, optó por las patatas, mezcladas en un revuelto con zana­horias. Aunque lo que le han gustado han sido los potajes que ha aprendido a cocinar en este curso.

Se trata de introducir el castella­no a través de la cocina y de enseñar las costumbres, pero potenciado las habilidades sociales, para facilitarles la integración en la vida cotidiana de la cultura española”, explican desde Intermun2, representado por Amalia y Anabel Jaramillo, Rosa Berrocal, Ana Arnedo y Andrea Benavides, que han sido las profesoras del curso.

El director del CETI, Carlos Ben­goetxea, presente en el acto, entre­gó algunos de los diplomas a los cha­vales. Valoró los resultados de este proyecto y la colaboración con la asociación. También acudió, en repre­sentación de la Delegación del Gobier­no, la asesora en Asuntos Sociales, Fá­tima-Zhora Ibrahim, quien también entregó diplomas.

El próximo 7 de marzo, Intermun2 comenzará en el CETI otro curso simi­lar, aunque esta vez destinado exclu­sivamente a la repostería. Después de cada clase, alumnos y profesores dis­frutaban de una velada de conviven­cia mientras degustaban los platos cocinados, para los que, como ya decía Cicerón, no hay mejor condimento que el hambre.

Información publicada en El Pueblo de Ceuta

sábado, 7 de enero de 2012

Ceuta, puerta del mar

Foto: Fidel Raso

Tenía 24 años y era su segundo intento de entrar como inmigrante ilegal en Ceuta, después de haber sido deportado en la primera ocasión. Sorprendía su pasmosa serenidad. El joven argelino clavó su mirada, sin un atisbo de duda, en la de la periodista del diario local El Pueblo de Ceuta. Su calma parecía incomprensible como parecen, en los primeros contactos con la inmigración, los rostros de felicidad de los subsaharianos, incluso cuando están siendo interceptados por los agentes.

Pasaban las diez de la noche cuando Cruz Roja y agentes de la Guardia Civil avistaron al joven que intentaba cruzar a nado la frontera del Tarajal, en la bahía que une Ceuta con Marruecos. Entrar en España es el primer objetivo del inmigrante y aunque sea pillado en ese intento, pisar Ceuta ya es la primera victoria.

Nada de la agitación ni de las imágenes que se traen preconcebidas de la península. Ni tampoco historias de pateras. La inmigración en Ceuta hace menos ruido. Pasa, a menudo, inadvertida o es malinterpretada desde Madrid y alrededores. Aquel argelino se había lanzado al mar tras ponerse un traje de neopreno. Dentro escondía un teléfono móvil y dinero. También, pegado a su cuerpo, envueltos en un plástico para protegerlos del agua, unos pantalones, una camiseta y un jersey. El chico fue rescatado en mitad del mar por una embarcación y trasladado hasta el Puerto Deportivo. El procedimiento, el habitual: atenderle si presenta síntomas de hipotermia, trasladarlo a la comisaría de la Policía Nacional, competente en materia de Extranjería, para tomarle la filiación antes de enviarlo al CETI. En el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes permanecerá acogido hasta que sea repatriado o, si se le considera vulnerable –aquellos que por razones políticas, religiosas, sociales, de salud o de arraigo evitarán no ser devueltos a su país–, enviarlo a la península.

Aquel goteo de inmigrantes ilegales con trajes de neopreno que, aupado por un invierno que parecía primavera, se perfilaba desde enero, fue desembocando en entradas cada vez más masivas. No faltaban las alusiones a un lejano 2005 que para algunos seguía estando muy presente. Aquel año, Ceuta y Melilla se convirtieron en objetivos del interés mundial cuando, en varias avalanchas, medio millar de inmigrantes pretendieron entrar en las ciudades autónomas españolas en el norte de África saltando la valla que fija la frontera con Marruecos. Las acometidas se saldaron con varios muertos –se contabilizaron trece muertos, aunque las cifras reales nunca llegaron a concretarse– y centenares de heridos. En Ceuta y Mellilla se refieren a aquellos hechos como un hito: un antes y un después en la historia de la inmigración. La consecuencia directa fue, además, la ampliación de la altura de la valla, de los tres metros que medía entonces a seis metros.


Foto: Fidel Raso
La imagen reduccionista, externa y novata de quien cubre temas de inmigración por primera vez no tarda en chocar con el complicado entramado que acarrea cada una de las historias de inmigrantes que se cruzan en Ceuta con la vida cotidiana de los ciudadanos. La inmigración no es ajena al transcurrir diario de una ciudad de 80.000 habitantes en la que unos 700 subsaharianos deambulan por el centro de la ciudad buscando la manera de entretenerse y pasar los días en una sucesión de horas sin futuro claro. Al hablar con ellos, al interpelarlos, las reacciones son dispares. Algunos se sinceran con la esperanza de que el periodista blanco propicie que se arreglen sus papeles o surja una novia que facilite su permanencia en España. Otros callan, no sólo por la torre de Babel que dificulta la comunicación, sino porque están convencidos de que salir en los periódicos puede perjudicarles.

Kassil Jonas, sin embargo, estaba convencido de que aparecer en los medios de comunicación podía ser útil. Entregó una carta en el periódico explicando su situación. Marfileño, en su país aprendió algo de español. Compaginaba sus estudios de Derecho con la instalación de softwares en los ordenadores hasta que comenzó la guerra que enfrentaba a los militares del presidente Laurent Gbagbo contra los de su homólogo Alassane Outtara. Salió de Costa de Marfil el 14 de febrero, cruzó Malí y Argelia aupándose en camiones. Buscaba refugio político en Europa. Escribe sin dejar espacio en blanco en los márgenes del folio, como si quisiera apurar hasta el último centímetro de sus recursos.

Lee el reportaje completo en FronteraD

lunes, 26 de diciembre de 2011

Una avería en los Juzgados deja inundados los negocios del ‘Ceuta Center’ el día 24

Una avería en una boca de incendios de los Juzgados, en la segunda planta del ‘Ceuta Center’, durante la madrugada del 24, dejó inundados todos los locales comerciales del edificio. Los empresarios conocieron la situación cuando llegaron a sus negocios en la mañana de la Nochebuena. Lo que auguraba ser una productiva jornada de ventas se convirtió en un ir y venir de cubos y fregonas para achicar el agua y evitar más daños de los que ya se habían producido.
 
A las nueve de la mañana llegaban los primeros comerciantes que vieron atónitos como el agua les alcanzaba “por encima del tobillo”, según explicaba Patricia Delgado Luque, encargada de uno de los locales más afectados, ‘Kurokai’, quien se encontró con que el agua se había filtrado por el techo y caído hasta el suelo de madera dejándolo inservible.
La Policía Local no tardó en aparecer, encargándose de contabilizar cuántos negocios estaban dañados. Mientras las cafeterías y restaurantes laterales lograron abrir al público, para los tenderos fue imposible. No sólo el mobiliario -suelos levantados, techos agrietados, paredes con filtraciones- estaba dañado, todos los negociantes declararon desperfectos en las mercancías aunque aún no podían concretar en cuántas pérdidas económicas se traducirían.
Una unidad de Bomberos, avisados por el 112, apareció en torno a las diez de la mañana.
Una vez localizada la avería en la segunda planta del edificio, lo más inmediato era cortar la llave de paso para detener el agua. Los Bomberos cerraron el contador, ubicado en la segunda planta subterránea, sin embargo el agua no cesó de salir. Fue entonces cuando los efectivos se dieron cuenta de que el sistema contra incendios estaba dividido en dos partes y de que para cortar el suministro de agua debía intervenir la empresa municipal de Aguas de Ceuta, Acemsa, que no logró cerrar la llave de paso del segundo contador hasta cerca de las 12. 30 horas.
 

Trabajo en equipoLa mañana se hizo interminable para los comerciantes, quienes veían inútiles sus esfuerzos al no dejar de salir agua a pesar del trabajo en equipo y de los cubos de agua que sacaban continuamente al exterior. Algunos intentaron subir a la planta superior de sus locales para achicar el agua desde el foco, pero una vigilante de Seguridad les cerraba el paso. Optaron entonces por agujerear los techos a fin de sacar el agua de manera focalizada y controlada, en lugar de a través del calado y de los goteos.
El agua estaba acumulada entre el suelo de la planta superior y el falso techo de las tiendas. Tras ser requeridos por uno de los negociantes, un cabo y dos bomberos volvieron a acercarse en el ‘Ceuta Center’ para vigilar la operación. Muchos amigos interrumpieron las celebraciones navideñas para ayudar a los tenderos a guardar en cajas las mercancías. “Hasta las siete de la tarde estuvimos achicando agua”, recordó ayer otro de los empresarios, Luis Trigo, quien lamentó que a lo largo de todo el día ningun autoridad política se había preocupado por ellos.

Información completa publicada en El Pueblo de Ceuta

lunes, 21 de noviembre de 2011

El PSOE continuará con la pelea, aunque sea desde la oposición


A las once de la noche la victoria, de los otros, es aplastante. Los simpatizantes empiezan a abandonar la sede del Partido Socialista. Atrás quedaba una larga jornada que había comenzado a primera hora de la mañana.
El secretario general del PSOE, José Antonio Carracao, y el candidato al Senado, Aquilino Melgar, habían votado a las diez en el colegio ‘Miguel Hernández’. Una hora después lo hacían las candidatas al Congreso y al Senado, María del Carmen Ruiz y Mayda Daoud, en el instituto ‘Almina’. A partir de ese momento, el día se convirtió en un ir y venir. Los socialistas estuvieron en todos los colegios. Como habían anunciado, trabajaron y pelearon hasta el último momento.

A las ocho de la tarde, Carracao, Ruiz y Melgar entraron en la sede. Dentro aguardaba Daoud y una veintena de simpatizantes ‘enganchados’ a la tele. Malas previsiones, pero ánimo. Carracao inicia un debate en la sala conjunta. “Me da miedo lo que puedan hacer los del Partido Popular”, sostiene ante Maruchi, presidenta de ‘Mujeres Progresistas’.
Empiezan los paseos de un lado a otro de la sede. Un niño juega y la abuela recuerda a las generaciones que han pasado por el socialismo ceutí, las que ahora se muerden las uñas con los primeros resultados. A Daoud le llegan los primeros lamentos a través de las redes sociales. “Vamos a volver a 1957”, le deja escrito, con la batalla perdida ya a las puertas, un amigo de ‘Juventudes Socialistas’, a través de Facebook.


Poco antes de las nueve de la noche, los primeros sondeos que anuncia la televisión son demoledores para el PSOE. España se colorea de azul. Melgar observa desde una esquina, con templanza. Carracao, a su lado, apoya, como ha hecho hasta ahora, a sus chicos. Ruiz asume el peso de responder ante los medios y vigilar que todo esté en orden. No pierde la fuerza que la ha acompañado desde que asumió el reto de ser la aspirante a diputada de unas elecciones en las que todo jugaba en contra del PSOE. Mientras, la candidata más joven, Daoud, se refugia en evasiones. Se queda, como todos ellos, con el aprendizaje. El escrutinio del 10% de los votos dan una mayoría absoluta al PP con 176 escaños frente a los 110 del PSOE. Las caras tristes se alegran un poco cuando alguien apunta: “En el Polifuncional del Príncipe y en el ‘Reina Sofía’ hemos arrasado”. Queda el apoyo de algunos ceutíes, fuertes aunque sean pocos.
Frente a la impasibilidad de los candidatos, que aguantan el tipo, los afiliados lanzan rencores y lamentos al aire. Acaban de dar los diez de la noche y en televisión se anuncian los resultados más bajos de la historia del PSOE. Los candidatos se agarran a lo aprendido y al apoyo recibido. “Te das cuentas de quiénes están a tu lado y de quiénes no”, reconoce Daoud.
A las 22.40 horas, poco antes de que lo haga el delegado del Gobierno, el secretario general del partido comparece ante los medios y defiende “la transparencia” por la que se ha apostado desde el partido. Carracao muestra “el orgullo” que siente por sus compañeros de partido, especialmente por los que han puesto “la cara” estas elecciones.
Carracao felicita también a la oposición por su subida al Gobierno y se presenta dispuesto a luchar. De este modo, tiende la mano al Partido Popular y presenta al PSOE como “un aliado para defender el interés de Ceuta”. “Seguiremos manteniendo nuestra actitud de lucha”, añade. El rojo se tiñe de negro en la sede del PSOE. Mientras, en televisión suenan gritos de júbilo. “A ver si son capaces”, reta uno de los apoderados, agotado, tras una jornada muy intensa.
Los candidatos lamentan “una mayoría tan absoluta para el PP”, pero mantienen el ánimo luchador. “Seguiremos trabajando”, apunta Melgar. “El futuro lo construimos entre todos”, remarca Daoud. La derrota también los hace más fuertes. Contra viento y marea, por muy azul que ese mar sea.

Información publicada en El Pueblo de Ceuta